Cine de autor auténtico y genuino, la película nos ofrece la visión particular de Antonio Banderas de lo que significa tomar consciencia de la propia vida, dejar la ilusoria juventud de lado para tomar las riendas de uno mismo y afrontar lo que queda delante: El Camino de los Ingleses.
A finales de los 70, cuatro amigos de Málaga viven el que será su último verano como chavales despreocupados, ignorando que el mundo crudo les aguarda a la vuelta de la esquina; aún son jóvenes, y la fuerza de la inconsciencia les impele a perseguir sus sueños.
Miguel (Alberto Amarilla) ha superado una operación en la que le extraen un riñón, en el hospital conoce a un moribundo que le transmite su ilusión por la poesía, arte que cristaliza sus esperanzas y del que convertirá en su musa a Luli (María Ruiz), una enamorada del baile, que a partir de entonces será su novia.
Paco (Félix Gómez) es “el rico” del grupo debido a la vida fraudulenta y llena de excesos de su padre, que ha roto su familia; él sale con “la cuerpo” (María Nieto), la “niña bonita del pueblo”.
Babirusa (Raúl Arévalo) es un fanático de las artes marciales que vive con su tía y su abuelo, ya que su padre se fué de casa y su madre trabaja en Londres, le gusta “la golfa del pueblo” que es “la gorda de la cala” (Berta de la Dehesa).
El grupo lo completa Moratalla (Mario Casas) cuya principal intención es pasarlo bien, quiere tener una aventura con su profesora “la del casco cartaginés” (Victoria Abril) con la que acabará acostándose Miguel.
Y cerrando lo que destaco del reparto, Fran Perea como “el garganta”, un secundario que nos narra puntualmente la historia y cuyo deseo es ser locutor radiofónico.

Tras este punto de partida que dibuja la primera media hora, las relaciones empiezan a moverse, nuevos personajes entran en liza y vemos como no todo es lo que parece y el precio que cuesta mantener un sueño cuando la realidad llama a la puerta.
A pesar de ser una visión de la vida muy concreta, me identifico con la mayoría de las cosas que le suceden al protagonista, quizá esa circunstancia me hace ver la película con mejores ojos, pero tratándose de una perspectiva esencialmente masculina, joven, soñadora y romántica, enfrentada a una realidad indiferente y cruel sin apenas proponérselo, es dificil no implicarse.
Tenemos dos mitades muy diferenciadas en cuanto al tono, una primera muy optimista y agradable, y una segunda descorazonadora y dura; pero en cualquier momento consigue transmitir emociones, sean positivas o negativas, algo que creo es complicado y consigue con solvencia.
La estética me llamó la atención particularmente, los planos oníricos que ilustran los sueños de Miguelito me parecen estupendos; los actores principales aparecen sin maquillaje la mayoría del tiempo y la textura de la piel real les da una gran cercanía; y el montaje apoya sin palabras el texto general de la historia (mención especial para los excelentes flashbacks).
A pesar de las críticas sobre los actores que circulan por ahí (demasiado mayores para sus roles, interpretaciones planas…), yo creo que este grupo de casi desconocidos seleccionado por Banderas lo hace muy bien: por ejemplo, Alberto Amarilla transmite mucho solo con su mirada y su sonrisa, tiene una gestualidad muy conseguida; Fran Perea, al que tenía denostado, se gana mi respeto con este pequeño papel, destacando la caracterización y su “hiperbólica” voz digna de reseña; y María Ruiz consigue remover en el interior de uno, a través de los sentimientos del protagonista por ella, todo lo alguna vez hemos anhelado en una mujer, concretado en la frustración de darte cuenta de que no es como soñabas, y la felicidad de reconocer que la quieres tal como es.
También se le achaca exceso de sexo, a título personal creo que no es así, y que todo lo que aparece está justificado y aporta algo. A colación de esto, me gustó la secuencia de los créditos finales, con Luli bailando sensual en tonos sepia; es como un suspiro melancólico.

Ha de reconocerse también que no es una obra cómoda de leer, tiene un buen puñado de personajes e historias que evolucionan y se cruzan, estas se mezclan con sueños y poesías, y además no se pretende transmitir un mensaje concreto ni se llega a un final determinado; cada uno puede extraer sus propias conclusiones y darle mas relevancia a unos matices u otros, pero el espectador siempre va a tener que poner algo de su parte.
La película me ha dejado muy buena sensación, es de las que gusta uno de rumiar tranquilamente después de verla, y es casi imposible no intentar trasponer lo sucedido en la pantalla a las propias vivencias. El Camino de los Ingleses puede llevarte a cualquier parte, convertirte en quien quieras, transformarse en un callejón sin salida, o desvanecerse bajo tus pies. La vida es así.
Lo peor para mí, que si te descuidas terminas anímicamente tocado. Creo que es una película menos disfrutable para el público femenino. A mí me gustaron, pero aviso dentro de la sección “lo peor para mí” (paradójicamente) para que quede claro: los discursos poéticos “explicativos” en off pueden confundir mas que aclarar, exigen atención y sensibilidad.
Lo mejor para mí, la sensación general una vez digerida con calma. Muy buenos puntos humorísticos al principio. La escena en que queman las revistas. La última escena en la cama de Miguelito y la profesora. La estética en general. Buena banda sonora. La dirección está por todas partes, Banderas es cómplice del espectador.
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Pero como has ido a ver esta chusta ?? Si no lo leo no lo creo, o esq has ido con alguna de tus compis eh eh eh eh eh.
Bueno, a mi esq no me atrae nada de nada, donde este RATONPOLIS q se quite todo lo demas…..