Esta novela del brasileño Paulo Coelho podríamos encontrarla en la estanteria de cabecera de un centro comercial como superventas que es, o quizá espere también en cualquier recodo de las menos frecuentadas secciones de autoayuda de una librería.



La protagonista es una joven eslovena, que aplastada por el tedio de sus días y la idea que por delante solo le queda más de lo mismo si es que no pierde lo poco que pueda tener, decide suicidarse.
Para hacerlo, decide ingerir pastillas hasta matarse, pero es encontrada a tiempo y llevada a un hospital psiquiátrico, dónde la informan de que en realidad a tenido un éxito a medias: la sobredosis no la mató inmediatamente pero generó una necrosis en su corazón, que hará que este deje de funcionar en unos seis o siete días.
Curiosamente, será ahora cuando comience realmente a vivir, en un lugar extraño, en el que a pesar de usar tratamientos que puden ser severos, hay muchos internos que permanecen allí por propia voluntad, y cuyo director demuestra ser buen terapeuta.
Voy a copiar la sinopsis de la contraportada, que me ha parecido muy buena porque explica claramente de qué va a ir el libro pero sin desvelar los pormenores:
Veronika es una joven completamente normal. Es guapa, no le faltan pretendientes y tiene un buen trabajo. Su vida tanscurre sin mayores sobresaltos, sin grandes alegrías ni grandes tristezas. Pero no es feliz. Por eso, una mañana de Noviembre, Veronika decide acabar con su vida. Sueños y fantasias. Deseo y muerte. Locura y pasión. En su camino hacia la muerte, Veronika experimenta placeres nuevos y halla un nuevo sentido a la vida, un sentido que le habia permanecido oculto hasta ahora, cuando tal vez ya sea demasiado tarde para echarse atrás. Veronika decide morir plantea que cada segundo de nuestra existencia optamos entre la alternativa de seguir adelante o de abandonar.

Una novela breve, de 200 páginas aproximadamente, que se lee de una forma muy fluida y fácil, con una intención de relato para reflexionar y no de mera narración.
La protagonista consigue transmitir bien los estados emocionales que va atravesando, lo que constituye el mayor mérito del libro.
Sin embargo los secundarios no me han convencido, aunque creo que sus historias están ahí sobre todo para explicar en parte facetas de la historia principal; así que en sí mismas son correctas pero difuminan la narración y en algún momento el interés baja un poco porque el lector quiere volver con Veronika, aún así son hebras que hacen que el hilo principal sea mas consistente.
No tengo mucho bagaje en libros de este estilo, y este ha sido el que más me ha gustado, por encima de otros como Cuentos para pensar de Jorge Bucay o El caballero de la armadura oxidada de Robert Fisher, sobre todo porque en esos casos me parecía que todo era demasiado simple, tratando al lector como si fuera un niño al que hay que dárselo todo hecho y dicho explícitamente. En esta ocasión la historia te llega, te hace reflexionar pero dejándote tu sitio y tu tiempo, sin ser excesivamente paternalista.

Lo peor para mí, que el final se hace previsible. Las historias de los secundarios dispersan momentáneamente la atención aunque luego fortalezcan el sentido de todo en general. Dios y la religión son un personaje y un tema que me sobra en el 99% de los relatos, y las breves referencias que hay en este, lo convierte en uno de ellos.
Lo mejor para mí, lo fácil que resulta identificarse con Verónika y lo que siente, la soledad, el aburrimiento, las ganas de cumplir un sueño, el amor, la opresión de la sociedad, los impulsos trangresores… El libro se lee rápido y con sencillez. No hay que fiarse del título, en sus páginas se esconde la idea de vivir con ganas y de forma plena; de lo preciosa que es la vida. Carpe diem.
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Historia curiosa. La verdad es que a mi no me hace falta leer esta clase de libros, ya que estoy bastante concienciado que la vida es un suspiro y que la mita puede ser una mierda; así que cuando se te presenta el momento de disfrutar algo hay que hacerlo sin pensar en nada mas.