Durante una de esas placenteras noches que me toca trabajar, hubo una noche en la cual mi compañero y yo nos quedamos sin películas de calidad para poder ver, empezamos a buscar y dimos con un directorio en el ordenador de películas sudamericanas. Ante las dos posibilidades que se nos presentaban de trabajar o ver alguna de aquellas películas, que no olían nada bien, nos decantamos por la segunda opción, y maldita la hora…
“La vendedora de rosas” cuenta la historia de Mónica (Leidy Tabares) una niña que a sus trece años ha abandonado su casa y vive en la calle, donde lucha con coraje para defender lo poco que tiene. Mónica vende rosas como cada noche para ganarse la vida y para comprarse el sueño de una noche diferente a las del resto de su vida para navidad.
Sus vidas sin salida de los bajos fondos de Medellín, transcurren en la calle esnifando pegamento, fumando hierba y cuidando de sus amigas, que también son chicas de la calle y tan pequeñas como ella.
La historia se centra en narrar las veinticuatro horas que preceden al día de Navidad, un día especial para Mónica, en el cual había estado soñando en pasarlo con su novio, y con su ropa recién estrenada para la ocasión. Lamentablemente la noche de navidad se convierte en un día más de miseria, soledad, pobreza, drogas y de sueños e ilusiones rotos, que la harán llegar a la muerte.
La protagonista de esta historia, Mónica, nos hace de “guía” por la ciudad Colombiana, tan cruel y peligrosa, de Medellín; mostrando como son las historias que suceden a diario en la urbe y mas particularmente la historia de los niños de la calle, que no tienen lugar en este mundo, pasando su inútil existencia en la calle como si de ratas se tratara.
Niños que sólo salen de los rincones mas oscuros para matar o morir, niñas de temprana edad que se prostituyen en las calles, sicarios que ansían sobrevivir dos o tres horas después de sus crímenes para así poder tener tiempo de llevar a sus familias el dinero sucio que acaban de ganar. Lo que mal empieza mal acaba, así que ya os podéis imaginar el final.
Después de ver la película y quedarme muy descolocado ante lo que acababa de ver decidí buscar algo de información al respecto de semejante película, descubriendo que los retratos de La vendedora de rosas son reales y que los personajes están contando sus propias historias, el horror de sus vidas. El horror de ver a niños que no son niños, a niños que se colocan con pegamento, niñas prostituirse, etc. El encargado de llevar a la pantalla semejante documento ha sido Víctor Gaviria, que también se encargo de seleccionar a unos niños a los que rescató de las calles y con los que trabajó para grabar este film. Lógicamente no eran actores y mucho menos niños fáciles de tratar con lo cual si sumamos todos estos factores junto con director que debe de ser de lo malo lo peor, nos sale como resultado este pseudo-documental que hay que tener valor de ver por lo malísimo que es y por la historia tan dura que cuenta.
Para colmo y como guinda al pastel una de las cosas que hace que la película sea insufrible es que estos niños utilizan un lenguaje propio, un lenguaje obviamente diferente al español correctamente hablado, que me imagino procederá de las cárceles, de delincuentes y de las clases más bajas de aquellos lugares; se hubiera agradecido la inclusión de subtítulos para su exhibición y así mejorar la comprensión para la gente que no controle ese argot. Llama poderosamente la atención, el excesivo empleo de la palabra “gonorrea”, que yo quiero entender que por aquellos lugares debe ser el insulto mas fuerte porque es constante su aparición en todas y cada una de las frases ofensivas y peleas; seria como una especie de “hijo de la grandísima puta” o “cabronazo” en España, aunque estos insultos también los empleen de vez en cuando a lo largo de la película.
Lo que más me gusto es que sin medios, sin buenos actores y sin buen director, logra su cometido, que es hacer ver lo peor de la vida de los niños de calle. Aunque creo que tampoco tiene merito porque lo único que han tenido que hacer es grabar a esos niños en las mismas calles en las que aguantan su mísera existencia y claro como actores hasta se podía decir que lo hacen bien porque lo único que tienen que hacer es actuar de forma natural tal y como ellos son en la realidad.
Resumiendo La vendedora de rosas es de esas “películas” que te dejan mal cuerpo y que duele ver. Una película que asquea verla en todos los sentidos y da una imagen muy negativa no solo de las bajezas humanas sino de Colombia. Como punto final decir que la mayoría de los “actores” han fallecido por las drogas o ajustes de cuentas, excepto la protagonista que parece que ha tenido mas suerte y solamente cumple una pena de 26 años de cárcel por matar y robar a un taxista.
La realidad casi siempre supera a la ficción.
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Venga ya tio, quita esta pedazo de bazofia de aqui, afea el blog cosa mala.