Con esta obra, la australiana Titania Hardie debuta (2008) en el terreno de la novela tras haber publicado algunos ensayos sobre magia y esoterismo.
Con una importante campaña de marketing precediendo su lanzamiento, lugares privilegiados en los stands de los comercios y la mejor presentación en cuanto al encuadernado del “paquete” que yo recuerdo para un libro, se nos ha presentado este título, llamado a ser uno de los grandes best sellers de este año.
Y eso es lo que ofrece este libro, lo mismo que un gran estreno de cine: buen entretenimiento, e incluso algunos momentos álgidos, pero no despunta especialmente en ningún sentido.
Gustará más a unos y menos a otros, aunque seguramente no provoque una honda decepción a ningún lector, ni se convierta en una obra memorable para nadie.

Los ingredientes vienen marcados por el referente actual en este tipo de obras, que no es otro que El Código Da Vinci, cuya adaptación a cine ya analizamos aquí.
Básicamente: trama de intriga, un secreto ancestral, protagonistas que pretenden revelarlo altruistamnte y antagonistas que quieren usarlo como arma ideológica (también en esta ocasión relacionados con la iglesia católica).
Mientras que en la obra de Dan Brown prima el ritmo, en el El Laberinto de la Rosa las relaciones entre los personajes se desarrollan más, mientras que para Robert y Sophie la aventura es más física (persecución, disparos), para Lucy y Alex esta tiene un importante componente interior, psicológico e incluso espiritual.
Tanto es así, que cuesta encontrar los componentes “aventureros” en el título que nos ocupa. Y es que hay un punto importante: los protagonistas de este libro se mueven en un nivel social muy alto; sus palabras, sus ropas, sus localizaciones, corresponden siempre a un nivel económico y cultural muy elevado. Nadie sale corriendo, nadie dispara armas, nadie dice tacos o grita a voz en cuello: eso es de pobres.
Este es para mí el principal defecto de la obra, porque además de plantear acertijos inquietantes, nunca está de más poner en juego la vida de los protagonistas o crear momentos de tensión, para así atrapar al lector en la situación y crear más empatía con los personajes.
También en cuanto a aspectos negativos destacar la infame traducción por parte de una tal Luisa Borovsky que la mayoría del tiempo parece haber usado un traductor online cutre.
En el lado positivo destaco el primer giro importante del libro, que me parece soberbio, y la presencia/no presencia del personaje que protagoniza dicho giro durante toda la obra. Son los dos puntos que más personalidad dan a esta novela.
También subrayar algo que me gusta mucho y son las referencias a otras obras, algo de lo que está cuajado este texto, aunque sea sobre todo a literatura inglesa, pero que también incluye mitología clásica o incluso cine.

Will es un joven apasionado y de mentalidad libre que recibe como herencia de su madre unos crípticos pergaminos y una llave de plata, se supone que llevan al tesoro de su familia, pero él siente que su propia identidad y la de sus ancestros está involucrada en la búsqueda que emprende hacia Italia para dar sentido a su legado.
Mientras, en Londres una joven llamada Lucy espera una operación a vida o muerte que la permita superar una extraña enfermedad y empezar a vivir realmente.
A partir de este comienzo, las tramas se despliegan aunque no con demasiada fluidez, hay también algún salto temporal a la época en que todos los enigmas se plantean, que no aportan demasiado y podrían haberse contado desde “el presente” mientras se tratan de desvelar los misterios; y es a partir del primer tercio del libro cuando este empieza realmente a enganchar y a ofrecer lo mejor de sí.
Como curiosidad, este libro también tiene una página web donde se puede jugar a resolver acertijos relacionados con la novela, igual que sucediera con ECDV o La Historiadora.
Lo peor para mí: es todo demasiado pijo. A veces es tan culto en cuanto a referencias que uno se pierde un poco. Algunas secciones de la traducción. Se echa en falta alguna sección más trepidante. El final color rosa, además de decepcionante en cuanto al “secreto”. En general no resulta arrebatador.
Lo mejor para mí: el trato que da la autora al personaje de Will. El sabor trascendente que destila todo, después de leer un ratito es agradable seguir pensando un poco en algunas cosas que se plantean. Le vas cogiendo cariño a los personajes. En general me ha dejado un buen sabor de boca.
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Pero tio, q basuras te lees. Ese pais no te sienta nada bien, cuando vayamos te voy a dar dos yoyas………………nada de leer chustas y menos aun novelas fuligatis !!!